sábado, 25 de enero de 2020


Carta de un esposo amando la rutina.
                   
Nada deja recuerdos más gratos que la rutina, la feliz rutina de un día. Despreciada por todos y vista como algo que se debe evitar, más para mí…
Despierto y estás allí, junto a mí. Muchos buscan en vano placeres, lejanos lugares o extravagantes lujos, lo que yo, cada mañana vivo sólo por despertar. ¡Tan fácil, tan cerca! Luego, esa tierna respuesta tuya tras mi caricia de despedida… ¡ah!, remedia todo desánimo antes de partir. Es fácil tener un buen día, así.
Después: el camino al trabajo. ¡Oh! Cada detalle en el cielo, esas bellas nubes o la triste neblina invernal. Los distintos acordes que infunden el frío, el calor o la luz del sol a cada imagen, a cada objeto del camino. ¡Ah, y esa hora! La noche ya no está, pero, estuvo recientemente y su estela de misterio está aún allí. Y también, hay ciencia. Por ejemplo, meditar en la complejidad maquinal detrás del mero acto de caminar o de observar, convoca a las más complejas ecuaciones. A veces, he deseado realizar este trayecto en un día no laboral, para detenerme en aquella contemplación sin los apremios de la obligación.

FVL/ksi

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